ext_15321 (
laurus-nobilis.livejournal.com) wrote in
fractal_mirrors2010-10-13 10:09 am
Pequeñas victorias [Ace Attorney/Transformers G1; Español]
Título: Pequeñas victorias
Rating: PG por las hormonas de Gelbert
Género: AU / Humor
Personajes: Gil, Ema, Sky y otro cameo de G1 porque puedo =D
Parejas: Gil-->Sky
Palabras: 1737
Summary: Sky juega al rugby en la universidad y Gil piensa que es la peor idea del mundo. Hasta que ve un partido.
Notas: Escrito para
mundo_caotico con el prompt "No puedes ganarlas todas. Pero eso no significa que te rindas. Nunca."
Gilbert había dejado en claro desde el principio que No Aprobaba nada de esto. No era como si alguien se lo hubiera preguntado, claro. Pero un pequeño detalle como ése nunca le había impedido expresar su muy firme opinión en forma constante. Después de bastante perseverancia, había logrado que Sky dejara de intentar explicarle sus razones.
Lo que no había logrado era hacer que cambiara de idea. No, ahora sólo suspiraba y sacudía la cabeza cuando surgía el tema, y después se iba a su estúpida práctica de rugby de todas formas.
Era una pésima idea. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta? Sólo servía para hacerle perder precioso tiempo de estudio, ¿y qué conseguía a cambio? Golpes y más golpes. Si Ema hubiera visto el estado en que quedaba esos días, ya habría dejado de hablar de lo bueno que era para él expandir sus horizontes y conocer gente y todas esas idioteces. Gil nunca iba entender cómo era posible que disfrutara semejante cosa. Y sin embargo, siempre volvía sonriente de sus entrenamientos, agotado y magullado pero feliz. Era inexplicable.
Lo peor era que ni siquiera podía darse el gusto de decirle que sólo estaba entre esa gente por una simple cuestión de tamaño. Sí, era cierto que lo habían buscado porque tenía el físico adecuado para un deporte donde dos grupos de cavernícolas se dedicaban a empujarse unos a otros. Pero era Sky, y no había tardado en hacer amigos. Últimamente estaba cada vez más tiempo con ellos. Gilbert prefería no pensar en las noches que el equipo entero pasaba en algún bar. Era casi tan malo como pensar en los vestuarios.
(Tal vez volvería a pasar más tiempo contigo si no estuvieras reclamándole constantemente, le había dicho Ema una vez, pero los consejos de su hermana siempre tenían el efecto contrario.)
En todo caso, era evidente que Sky no sólo no iba a dejar este nuevo pasatiempo, sino que ahora quería que Gil también se acostumbrara a él. Lo había invitado, junto con Ema, a ver el primer partido de la temporada. Y Gil nunca había aprendido a decirle que no.
... o, para expresarlo con más precisión, por más que le dijera que no muchas veces y con mucho escándalo, siempre terminaba haciendo lo que Sky quería por culpa de su estúpida, adorable sonrisa. O de su mirada de cachorrito pateado. De hecho, debía considerarse afortunado de que su amigo fuera demasiado inocente como para abusar aún más de sus poderes de convicción.
Así que había terminado sentado ahí en las gradas, junto a Ema y sus eternos y ruidosos snackoos, enfrentándose a una hora y media de inevitable aburrimiento. Perfecto.
No estaban muy alto, así que podían ver con claridad cómo los dos equipos entraban en calor. De todas formas, Sky hubiera sido fácil de distinguir aún desde más lejos. Incluso entre sus compañeros, que no eran precisamente pequeños, seguía sobresaliendo bastante. Estaba conversando con un joven que Gilbert también reconocía. Nunca se había molestado en aprenderse su nombre (sólo sabía que le decían Brawn, cosa que no era muy prometedora con respecto a sus facultades mentales, a decir verdad) pero sabía quién era: el idiota que lo había convencido de jugar en primer lugar. Estaba dirigiéndole una mirada fulminante a su nuca cuando Sky se dio vuelta.
O no podía ver su expresión desde allá abajo, o estaba demasiado entusiasmado para darle importancia; sólo les sonrió, feliz, saludando con la mano como un niño pequeño. Ema le devolvió el saludo con la misma energía, pero Gil se limitó a un gesto de reconocimiento con la cabeza. Lo último que quería era incentivarlo a seguir con toda esta ridiculez, y no le importó que eso le valiera un codazo en el hígado.
-Podrías demostrar algo de interés, ¿sabes?
-No tengo interés, enana.
-¡Pues deberías hacer un esfuerzo! ¡Es importante para él!
-Es un niño grande -replicó, usando una de las frases favoritas de Ema sólo para fastidiarla-. No necesita que lo acompañe de la manito a todas partes.
-Como si no quisieras eso -murmuró ella, y enseguida se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.
Gilbert no se dignó a responder. Ema no sabía nada, se dijo. No podía saber nada. Mostrarse afectado por eso sólo atraería su atención, así que se tragó las ganas de gritarle y fijó la vista en la cancha. El partido acababa de empezar. Seguía sin interesarle en lo más mínimo, pero al menos tenía una excusa para mirar a Sky todo lo que quisiera.
... nunca se había fijado en lo que todo ese entrenamiento había hecho por sus piernas.
-¿Pañuelo, Screamer?
-¿... huh? -fue lo único que atinó a decir, sin volverse a mirarla.
-Para la baba, digo.
Eso lo hizo volver a la realidad.
-¿QUÉ ESTÁS INSINUANDO, TÚ--?
No había llegado a terminar la frase cuando se dio cuenta de dos cosas: que su propósito de mantenerse distante no había durado nada, y que la gente de las gradas se había dado vuelta a mirarlo. Perfecto.
-No seas estúpida -le dijo, en un susurro furioso.
Ema lo miró con desinterés y se dio el gusto de masticar un par de snackoos antes de responder.
-Oh, no te culpo -dijo al fin-. Esos shorts no dejan mucho a la imaginación, ¿verdad?
Antes de que pudiera comenzar a armar escándalo de nuevo, los gritos entusiasmados del público lo interrumpieron. Como había estado peleando en lugar de ver el partido, no tenía idea de qué había pasado, o siquiera a qué equipo favorecía. Pero Ema volvió a distraerse y eso, al menos, jugaba a su favor. Esa discusión sólo podía terminar mal.
Ahora, en cambio, podía seguir fingiendo que no había sucedido nada. Era bueno en eso. (Los dos eran buenos. Si había algo que podía reconocerle a su hermana era su capacidad para la negación. Había muchas, muchísimas cosas de las que simplemente No Se Hablaba.)
Para su sorpresa, no se aburrió como esperaba. No se debía, por supuesto, a la calidad del partido en sí. Gilbert no entendía las reglas, no se había tomado el trabajo de aprender nada antes de venir, y honestamente no podía importarle menos.
Pero era un maravilloso espectáculo.
Había algo de fascinante en ver a Sky - el bueno de Sky, gentil y educado y algo ingenuo, que cuidaba a todos, que vivía preocupándose y disculpándose - arrojándose sobre sus rivales sin un asomo de duda. En la curva de su espalda empujando hacia adelante. En su manera de correr, arrastrando a algún pobre idiota que se había creído capaz de detenerlo, y de caer y derrapar en el barro y levantarse para seguir corriendo como si nada hubiera sucedido.
Era extraño. Siempre había sabido que Sky tenía ese potencial. Era más que obvio; bastaba con ver su tamaño. Pero así, en acción... Gil no podía dejar de pensar en esos brazos fuertes, en lo que esas manos podían hacer. Y no tenía nada que ver con rugby.
-¿Y? ¿Ya cambiaste de idea?
La voz de Ema lo sorprendió tanto que casi lo hizo saltar de su asiento; de alguna forma casi había logrado olvidar que ella también estaba ahí. Una vez más se mostró enojado, un poco con frustración sincera porque había interrumpido sus mucho más interesantes pensamientos, un poco con la esperanza de distraerla de notar que seguramente se había puesto fucsia.
-¿De qué demonios estás hablando ahora, enana?
Ella suspiró con exageración, como si no pudiera creer lo que le estaba preguntando.
-Del juego, idiota. Tú sabes. Ése que no era más que un montón de brutos corriendo de un lado a otro y que no querías venir a ver.
-Hmpf. Es un montón de brutos corriendo de un lado a otro -dijo, cruzándose de brazos. Y era verdad. Sólo que eso ya no le importaba ni un poco.
-En seeeerio -dijo Ema, con ese tonito sarcástico que conocía tan bien.
-En serio. Y no me molestes. Estoy tratando de ver el partido.
-El partido, ¿eh?
-¡Claro que el partido! ¿Qué más podría estar viendo?
... algún día, se dijo, iba a pensar antes de hablar y no después. Algún día. Pero, o su hermana había desarrollado una repentina compasión por él en los últimos diez segundos, o la entrada le pareció demasiado fácil.
-Mmmhm -dijo simplemente, sin dejar de masticar-. ¿Y quién va ganando?
-... oh, ya cállate.
Y ella le hizo caso, por lo que quedaba del juego. Evidentemente ya había tenido bastante diversión por un rato.
El equipo de Sky ganó, y Gil... no estaba muy seguro de cómo se sentía sobre eso. Su amigo tenía esa sonrisa de niño otra vez, y eso era bueno, siempre. Pero podría haber vivido sin los festejos y los rudos abrazos de sus compañeros. Toda esa efusión era completa, absolutamente innecesaria.
Sin embargo, no tuvo mucho tiempo de pensar en eso. Sky logró separarse de los demás un instante y corrió hacia las gradas. Estaba cubierto de sudor y de barro, el cabello revuelto y la camisa torcida, agotado y tan, tan feliz. De pronto, Gil supo con extrema claridad que no hubiera respondido de sus actos de no haber sido por toda la maldita gente de alrededor.
-¿Me vieron? -preguntó Sky, como si hubiera sido posible hacer otra cosa- No estuvo mal, ¿verdad?
-Estuviste grandioso -le dijo Ema-. Screamer no podía quitarte los ojos de--
-¿Qué vas a hacer ahora? -la interrumpió Gil, su voz tan sólo un poco más aguda que de costumbre- ¿Vienes?
La sonrisa de Sky amenazó con desaparecer por un instante fugaz, pero logró recuperarse enseguida.
-Vamos a festejar ahora -respondió, y una vez más parecía estar disculpándose. Gilbert hizo un considerable y heroico esfuerzo para no mostrarse todo lo decepcionado que estaba.
-Claro que sí. Ve y diviértete -dijo ella, casi como una orden. El rostro de Sky se iluminó.
-Seguro. No voy a volver tarde, Gil, mañana hay clase... No te aburriste, ¿verdad? -agregó de pronto, como si dudara de que el entusiasmo de Ema valía para los dos-. ¿Vendrás a ver el próximo?
-Hmmm. Supongo -le dijo, mirando decididamente hacia otra parte-. Si tanto te importa...
Sky le sonrió una vez más antes de dejarlos solos, tan alegre y brillante que a Gil casi no le molestó el saber a dónde iba y con quiénes. Tal vez aún saliera algo bueno de esto, después de todo.
BONUS porque aunque no está directamente relacionada con lo de arriba, no podía sacarme esta escena de la cabeza: otro día en la difícil vida de Gelbert. :P De nuevo, PG por su teatro mental.
Gilbert levantó la vista de su libro cuando se abrió la puerta, tratando de no demostrar más interés del estrictamente necesario ante la entrada de su compañero de habitación. El breve intercambio de saludos le bastó para notar su cabello húmedo; ya se había duchado. Trató de no pensar en vestuarios ni en la gente que los ocupaba.
No tuvo demasiado éxito - ninguno, en realidad, cuándo en toda su maldita vida había tenido éxito en algo - y volvió a hundir el rostro en el libro. Se suponía que estaba estudiando, de todas formas. Eso. No podía dejar que lo distrajera el sonido de Sky sentándose en la otra cama, quitándose los zapatos, abriendo su bolso. Su amigo estaba siendo lo más silencioso posible, después de todo. Tenía que concentrarse...
-Ah... ¿Gil? ¿Estás muy ocupado?
... el universo lo odiaba. Lo odiaba.
-¿Qué sucede?
-No quiero molestarte si tienes que estudiar -dijo Sky, predecible como siempre-. Puede esperar, en serio...
-¿Vas a decirme qué quieres o no?
Sky suspiró y sacó un pomo de crema de su bolso.
-Um. Necesito algo de ayuda. Es el hombro.
Gil se aferró a su libro con tanta fuerza que fue un milagro que no lo partiera en dos. Estaba seguro que su amigo nunca le hubiera pedido semejante cosa, de haber sabido cuántos maravillosos, imaginarios momentos habían comenzado así en su mente.
Pero lo había hecho. En la vida real. Y se lo había pedido a él - a él, no a uno de sus compañeros de equipo, no a un fuerte deportista en uno de esos malditos vestuarios.
-Claro -respondió, haciendo lo posible por sonar natural.
Si Sky notó algo fuera de lo común, no lo señaló. Sólo se quitó la camisa, mientras Gil por fin dejaba el libro a un lado para acercarse a su lado de la habitación.
No era la primera vez que lo había visto así, ni mucho menos. Y, de todas maneras, Sky no era precisamente musculoso. Al contrario. Era fuerte, sí, porque era enorme, pero no tenía el cuerpo formado de un atleta. Se veía más bien... blandito. Podría abrazarlo y estrujarlo y--
--no. Definitivamente no tenía que pensar en eso. No ahora, de todos los momentos. Tan sólo le arrebató la crema de las manos y la abrió, decidido a terminar con todo el asunto lo antes posible.
-... esto apesta -fue su primera reacción.
-Lo sé -suspiró Sky-. Pero funciona.
Con una mueca de disgusto (¿cómo iba a hacer para quitarse ese olor, ahora?) Gil se puso algo de crema en la mano y se acercó al hombro de su amigo, tratando de ser cuidadoso. Aún así, Sky se estremeció y se movió hacia adelante al primer contacto, ahogando un quejido que no era precisamente de los buenos.
-¡Apenas te toqué!
-No es mi culpa que me duela, Gil -se defendió él, algo avergonzado.
-Claro que es tu culpa, tú quisiste meterte en esto. Y no puedo hacer nada si no te quedas quieto -le dijo.
Un maravilloso momento. Por supuesto. Con el idiota de su mejor amigo retorciéndose de dolor cada vez que lo tocaba con esa gelatina apestosa. Era justo lo que siempre había soñado, de veras.
... estúpido, estúpido juego.
Rating: PG por las hormonas de Gelbert
Género: AU / Humor
Personajes: Gil, Ema, Sky y otro cameo de G1 porque puedo =D
Parejas: Gil-->Sky
Palabras: 1737
Summary: Sky juega al rugby en la universidad y Gil piensa que es la peor idea del mundo. Hasta que ve un partido.
Notas: Escrito para
Gilbert había dejado en claro desde el principio que No Aprobaba nada de esto. No era como si alguien se lo hubiera preguntado, claro. Pero un pequeño detalle como ése nunca le había impedido expresar su muy firme opinión en forma constante. Después de bastante perseverancia, había logrado que Sky dejara de intentar explicarle sus razones.
Lo que no había logrado era hacer que cambiara de idea. No, ahora sólo suspiraba y sacudía la cabeza cuando surgía el tema, y después se iba a su estúpida práctica de rugby de todas formas.
Era una pésima idea. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta? Sólo servía para hacerle perder precioso tiempo de estudio, ¿y qué conseguía a cambio? Golpes y más golpes. Si Ema hubiera visto el estado en que quedaba esos días, ya habría dejado de hablar de lo bueno que era para él expandir sus horizontes y conocer gente y todas esas idioteces. Gil nunca iba entender cómo era posible que disfrutara semejante cosa. Y sin embargo, siempre volvía sonriente de sus entrenamientos, agotado y magullado pero feliz. Era inexplicable.
Lo peor era que ni siquiera podía darse el gusto de decirle que sólo estaba entre esa gente por una simple cuestión de tamaño. Sí, era cierto que lo habían buscado porque tenía el físico adecuado para un deporte donde dos grupos de cavernícolas se dedicaban a empujarse unos a otros. Pero era Sky, y no había tardado en hacer amigos. Últimamente estaba cada vez más tiempo con ellos. Gilbert prefería no pensar en las noches que el equipo entero pasaba en algún bar. Era casi tan malo como pensar en los vestuarios.
(Tal vez volvería a pasar más tiempo contigo si no estuvieras reclamándole constantemente, le había dicho Ema una vez, pero los consejos de su hermana siempre tenían el efecto contrario.)
En todo caso, era evidente que Sky no sólo no iba a dejar este nuevo pasatiempo, sino que ahora quería que Gil también se acostumbrara a él. Lo había invitado, junto con Ema, a ver el primer partido de la temporada. Y Gil nunca había aprendido a decirle que no.
... o, para expresarlo con más precisión, por más que le dijera que no muchas veces y con mucho escándalo, siempre terminaba haciendo lo que Sky quería por culpa de su estúpida, adorable sonrisa. O de su mirada de cachorrito pateado. De hecho, debía considerarse afortunado de que su amigo fuera demasiado inocente como para abusar aún más de sus poderes de convicción.
Así que había terminado sentado ahí en las gradas, junto a Ema y sus eternos y ruidosos snackoos, enfrentándose a una hora y media de inevitable aburrimiento. Perfecto.
No estaban muy alto, así que podían ver con claridad cómo los dos equipos entraban en calor. De todas formas, Sky hubiera sido fácil de distinguir aún desde más lejos. Incluso entre sus compañeros, que no eran precisamente pequeños, seguía sobresaliendo bastante. Estaba conversando con un joven que Gilbert también reconocía. Nunca se había molestado en aprenderse su nombre (sólo sabía que le decían Brawn, cosa que no era muy prometedora con respecto a sus facultades mentales, a decir verdad) pero sabía quién era: el idiota que lo había convencido de jugar en primer lugar. Estaba dirigiéndole una mirada fulminante a su nuca cuando Sky se dio vuelta.
O no podía ver su expresión desde allá abajo, o estaba demasiado entusiasmado para darle importancia; sólo les sonrió, feliz, saludando con la mano como un niño pequeño. Ema le devolvió el saludo con la misma energía, pero Gil se limitó a un gesto de reconocimiento con la cabeza. Lo último que quería era incentivarlo a seguir con toda esta ridiculez, y no le importó que eso le valiera un codazo en el hígado.
-Podrías demostrar algo de interés, ¿sabes?
-No tengo interés, enana.
-¡Pues deberías hacer un esfuerzo! ¡Es importante para él!
-Es un niño grande -replicó, usando una de las frases favoritas de Ema sólo para fastidiarla-. No necesita que lo acompañe de la manito a todas partes.
-Como si no quisieras eso -murmuró ella, y enseguida se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.
Gilbert no se dignó a responder. Ema no sabía nada, se dijo. No podía saber nada. Mostrarse afectado por eso sólo atraería su atención, así que se tragó las ganas de gritarle y fijó la vista en la cancha. El partido acababa de empezar. Seguía sin interesarle en lo más mínimo, pero al menos tenía una excusa para mirar a Sky todo lo que quisiera.
... nunca se había fijado en lo que todo ese entrenamiento había hecho por sus piernas.
-¿Pañuelo, Screamer?
-¿... huh? -fue lo único que atinó a decir, sin volverse a mirarla.
-Para la baba, digo.
Eso lo hizo volver a la realidad.
-¿QUÉ ESTÁS INSINUANDO, TÚ--?
No había llegado a terminar la frase cuando se dio cuenta de dos cosas: que su propósito de mantenerse distante no había durado nada, y que la gente de las gradas se había dado vuelta a mirarlo. Perfecto.
-No seas estúpida -le dijo, en un susurro furioso.
Ema lo miró con desinterés y se dio el gusto de masticar un par de snackoos antes de responder.
-Oh, no te culpo -dijo al fin-. Esos shorts no dejan mucho a la imaginación, ¿verdad?
Antes de que pudiera comenzar a armar escándalo de nuevo, los gritos entusiasmados del público lo interrumpieron. Como había estado peleando en lugar de ver el partido, no tenía idea de qué había pasado, o siquiera a qué equipo favorecía. Pero Ema volvió a distraerse y eso, al menos, jugaba a su favor. Esa discusión sólo podía terminar mal.
Ahora, en cambio, podía seguir fingiendo que no había sucedido nada. Era bueno en eso. (Los dos eran buenos. Si había algo que podía reconocerle a su hermana era su capacidad para la negación. Había muchas, muchísimas cosas de las que simplemente No Se Hablaba.)
Para su sorpresa, no se aburrió como esperaba. No se debía, por supuesto, a la calidad del partido en sí. Gilbert no entendía las reglas, no se había tomado el trabajo de aprender nada antes de venir, y honestamente no podía importarle menos.
Pero era un maravilloso espectáculo.
Había algo de fascinante en ver a Sky - el bueno de Sky, gentil y educado y algo ingenuo, que cuidaba a todos, que vivía preocupándose y disculpándose - arrojándose sobre sus rivales sin un asomo de duda. En la curva de su espalda empujando hacia adelante. En su manera de correr, arrastrando a algún pobre idiota que se había creído capaz de detenerlo, y de caer y derrapar en el barro y levantarse para seguir corriendo como si nada hubiera sucedido.
Era extraño. Siempre había sabido que Sky tenía ese potencial. Era más que obvio; bastaba con ver su tamaño. Pero así, en acción... Gil no podía dejar de pensar en esos brazos fuertes, en lo que esas manos podían hacer. Y no tenía nada que ver con rugby.
-¿Y? ¿Ya cambiaste de idea?
La voz de Ema lo sorprendió tanto que casi lo hizo saltar de su asiento; de alguna forma casi había logrado olvidar que ella también estaba ahí. Una vez más se mostró enojado, un poco con frustración sincera porque había interrumpido sus mucho más interesantes pensamientos, un poco con la esperanza de distraerla de notar que seguramente se había puesto fucsia.
-¿De qué demonios estás hablando ahora, enana?
Ella suspiró con exageración, como si no pudiera creer lo que le estaba preguntando.
-Del juego, idiota. Tú sabes. Ése que no era más que un montón de brutos corriendo de un lado a otro y que no querías venir a ver.
-Hmpf. Es un montón de brutos corriendo de un lado a otro -dijo, cruzándose de brazos. Y era verdad. Sólo que eso ya no le importaba ni un poco.
-En seeeerio -dijo Ema, con ese tonito sarcástico que conocía tan bien.
-En serio. Y no me molestes. Estoy tratando de ver el partido.
-El partido, ¿eh?
-¡Claro que el partido! ¿Qué más podría estar viendo?
... algún día, se dijo, iba a pensar antes de hablar y no después. Algún día. Pero, o su hermana había desarrollado una repentina compasión por él en los últimos diez segundos, o la entrada le pareció demasiado fácil.
-Mmmhm -dijo simplemente, sin dejar de masticar-. ¿Y quién va ganando?
-... oh, ya cállate.
Y ella le hizo caso, por lo que quedaba del juego. Evidentemente ya había tenido bastante diversión por un rato.
El equipo de Sky ganó, y Gil... no estaba muy seguro de cómo se sentía sobre eso. Su amigo tenía esa sonrisa de niño otra vez, y eso era bueno, siempre. Pero podría haber vivido sin los festejos y los rudos abrazos de sus compañeros. Toda esa efusión era completa, absolutamente innecesaria.
Sin embargo, no tuvo mucho tiempo de pensar en eso. Sky logró separarse de los demás un instante y corrió hacia las gradas. Estaba cubierto de sudor y de barro, el cabello revuelto y la camisa torcida, agotado y tan, tan feliz. De pronto, Gil supo con extrema claridad que no hubiera respondido de sus actos de no haber sido por toda la maldita gente de alrededor.
-¿Me vieron? -preguntó Sky, como si hubiera sido posible hacer otra cosa- No estuvo mal, ¿verdad?
-Estuviste grandioso -le dijo Ema-. Screamer no podía quitarte los ojos de--
-¿Qué vas a hacer ahora? -la interrumpió Gil, su voz tan sólo un poco más aguda que de costumbre- ¿Vienes?
La sonrisa de Sky amenazó con desaparecer por un instante fugaz, pero logró recuperarse enseguida.
-Vamos a festejar ahora -respondió, y una vez más parecía estar disculpándose. Gilbert hizo un considerable y heroico esfuerzo para no mostrarse todo lo decepcionado que estaba.
-Claro que sí. Ve y diviértete -dijo ella, casi como una orden. El rostro de Sky se iluminó.
-Seguro. No voy a volver tarde, Gil, mañana hay clase... No te aburriste, ¿verdad? -agregó de pronto, como si dudara de que el entusiasmo de Ema valía para los dos-. ¿Vendrás a ver el próximo?
-Hmmm. Supongo -le dijo, mirando decididamente hacia otra parte-. Si tanto te importa...
Sky le sonrió una vez más antes de dejarlos solos, tan alegre y brillante que a Gil casi no le molestó el saber a dónde iba y con quiénes. Tal vez aún saliera algo bueno de esto, después de todo.
BONUS porque aunque no está directamente relacionada con lo de arriba, no podía sacarme esta escena de la cabeza: otro día en la difícil vida de Gelbert. :P De nuevo, PG por su teatro mental.
Gilbert levantó la vista de su libro cuando se abrió la puerta, tratando de no demostrar más interés del estrictamente necesario ante la entrada de su compañero de habitación. El breve intercambio de saludos le bastó para notar su cabello húmedo; ya se había duchado. Trató de no pensar en vestuarios ni en la gente que los ocupaba.
No tuvo demasiado éxito - ninguno, en realidad, cuándo en toda su maldita vida había tenido éxito en algo - y volvió a hundir el rostro en el libro. Se suponía que estaba estudiando, de todas formas. Eso. No podía dejar que lo distrajera el sonido de Sky sentándose en la otra cama, quitándose los zapatos, abriendo su bolso. Su amigo estaba siendo lo más silencioso posible, después de todo. Tenía que concentrarse...
-Ah... ¿Gil? ¿Estás muy ocupado?
... el universo lo odiaba. Lo odiaba.
-¿Qué sucede?
-No quiero molestarte si tienes que estudiar -dijo Sky, predecible como siempre-. Puede esperar, en serio...
-¿Vas a decirme qué quieres o no?
Sky suspiró y sacó un pomo de crema de su bolso.
-Um. Necesito algo de ayuda. Es el hombro.
Gil se aferró a su libro con tanta fuerza que fue un milagro que no lo partiera en dos. Estaba seguro que su amigo nunca le hubiera pedido semejante cosa, de haber sabido cuántos maravillosos, imaginarios momentos habían comenzado así en su mente.
Pero lo había hecho. En la vida real. Y se lo había pedido a él - a él, no a uno de sus compañeros de equipo, no a un fuerte deportista en uno de esos malditos vestuarios.
-Claro -respondió, haciendo lo posible por sonar natural.
Si Sky notó algo fuera de lo común, no lo señaló. Sólo se quitó la camisa, mientras Gil por fin dejaba el libro a un lado para acercarse a su lado de la habitación.
No era la primera vez que lo había visto así, ni mucho menos. Y, de todas maneras, Sky no era precisamente musculoso. Al contrario. Era fuerte, sí, porque era enorme, pero no tenía el cuerpo formado de un atleta. Se veía más bien... blandito. Podría abrazarlo y estrujarlo y--
--no. Definitivamente no tenía que pensar en eso. No ahora, de todos los momentos. Tan sólo le arrebató la crema de las manos y la abrió, decidido a terminar con todo el asunto lo antes posible.
-... esto apesta -fue su primera reacción.
-Lo sé -suspiró Sky-. Pero funciona.
Con una mueca de disgusto (¿cómo iba a hacer para quitarse ese olor, ahora?) Gil se puso algo de crema en la mano y se acercó al hombro de su amigo, tratando de ser cuidadoso. Aún así, Sky se estremeció y se movió hacia adelante al primer contacto, ahogando un quejido que no era precisamente de los buenos.
-¡Apenas te toqué!
-No es mi culpa que me duela, Gil -se defendió él, algo avergonzado.
-Claro que es tu culpa, tú quisiste meterte en esto. Y no puedo hacer nada si no te quedas quieto -le dijo.
Un maravilloso momento. Por supuesto. Con el idiota de su mejor amigo retorciéndose de dolor cada vez que lo tocaba con esa gelatina apestosa. Era justo lo que siempre había soñado, de veras.
... estúpido, estúpido juego.

no subject
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Y me sigue fascinando que alguien más que Di lea estas cosas. |D NO ES QUE ME ESTÉ QUEJANDO NI NADA.
no subject
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Pero tenía que dejar testimonio de mi profunda aprobación.
SO HERE. APROBACIÓN. PUEDES TENERLA.
no subject
... te queremos, Screamer. En serio. |D DE ALGUNA FORMA.