ext_15321 (
laurus-nobilis.livejournal.com) wrote in
fractal_mirrors2005-06-08 10:41 pm
(sin título) [Card Captor Sakura/El Misterio del Solitario; Español]
Title: (sin título)
Rating: G
Genre: Genfic
Characters: Clow, Comodín
Summary: Clow se encuentra con un personaje muy particular.
Marsella, 1842
Era hora de irse. Para empezar, hacía ya varios años que vivía en esa ciudad, y sus antiguas ansias de viajar comenzaban a despertar una vez más. Pero eso no era todo. Las cosas cambiaban demasiado rápido en este siglo, al menos en Europa; sentía deseos de regresar al Oriente y su ritmo más lento. Allí los siglos aún parecían correr con la calma de siempre. Tenía que aprovecharlo mientras durara.
Por eso Clow caminaba ahora por el puerto, distraído en apariencia, esperando que algún transeúnte le llamara la atención. Siempre había gente mágica en los puertos. Algún capitán de navío lo suficientemente enterado podía, por curiosidad o por dinero, dejarse convencer para transportar a sus dos Guardianes sin necesidad de ocultarlos.
Él podía hacer que pasaran desapercibidos, por supuesto. Pero a Kerberos y a Yue les disgustaba eso, y no los culpaba. Los largos viajes en barco ya eran demasiado aburridos aún sin tener que estar escondiéndose.
De pronto Clow se detuvo. No muy lejos, un niño gitano estaba vendiéndole algo a un enano... que, sin duda, no era humano. Seguramente podría llevarlo hasta alguien con quien negociar.
El enano se volvió hacia él, lo miró fijamente durante unos segundos, y luego se acercó. Clow creyó escuchar el sonido de unos cascabeles mientras se movía. Había pensado en hablarle, pero cuando lo tuvo frente a él sólo atinó a quedarse observándolo, como en trance. No cabía duda de que era alguien único. Jamás había visto unos ojos tan inteligentes en una criatura mágica, y raras veces entre los humanos.
Y esos ojos, notó de repente, se dirigían ahora al bolsillo donde guardaba las Cartas. Llevó la mano junto a ellas instintivamente.
El enano lo miró a los ojos y sonrió con astucia.
-Las figuras salen de la manga del mago y se pellizcan en el aire para comprobar que están vivas -dijo.
Para Clow, esa fue la primera verdadera sorpresa que había tenido en décadas.
-¿Cómo...?
-Lo dijeron las cartas, en el Juego de Comodín. La verdad está en las cartas -Hubo un ruido de cascabeles cuando el enano ladeó la cabeza-. ¿Las imaginaciones del mago saben que son imaginaciones?
-Sí -respondió Clow, fascinado. ¿Quién era esta criatura, que veía con tanta claridad?
-Entonces el mago que hizo a las figuras es más sabio que el que hizo a Comodín. Felicitaciones, dice Comodín, y que el solitario le salga como es debido.
Diciendo esto, tomó la mano de Clow y depositó algo en ella, antes de que él pudiera reaccionar. Las manos del enano estaban heladas.
-¿Quién te ha creado? -murmuró el mago, incapaz ya de disimular su asombro. El enano se rió con un sacudir de cascabeles.
-Eso ya no importa -dijo-, porque ahora, Comodín es.
Le guiñó un ojo, y en un dos por tres había desaparecido entre el gentío del puerto. Sólo entonces Clow vio lo que había dejado en su mano.
Un mazo de cartas.
Rating: G
Genre: Genfic
Characters: Clow, Comodín
Summary: Clow se encuentra con un personaje muy particular.
Marsella, 1842
Era hora de irse. Para empezar, hacía ya varios años que vivía en esa ciudad, y sus antiguas ansias de viajar comenzaban a despertar una vez más. Pero eso no era todo. Las cosas cambiaban demasiado rápido en este siglo, al menos en Europa; sentía deseos de regresar al Oriente y su ritmo más lento. Allí los siglos aún parecían correr con la calma de siempre. Tenía que aprovecharlo mientras durara.
Por eso Clow caminaba ahora por el puerto, distraído en apariencia, esperando que algún transeúnte le llamara la atención. Siempre había gente mágica en los puertos. Algún capitán de navío lo suficientemente enterado podía, por curiosidad o por dinero, dejarse convencer para transportar a sus dos Guardianes sin necesidad de ocultarlos.
Él podía hacer que pasaran desapercibidos, por supuesto. Pero a Kerberos y a Yue les disgustaba eso, y no los culpaba. Los largos viajes en barco ya eran demasiado aburridos aún sin tener que estar escondiéndose.
De pronto Clow se detuvo. No muy lejos, un niño gitano estaba vendiéndole algo a un enano... que, sin duda, no era humano. Seguramente podría llevarlo hasta alguien con quien negociar.
El enano se volvió hacia él, lo miró fijamente durante unos segundos, y luego se acercó. Clow creyó escuchar el sonido de unos cascabeles mientras se movía. Había pensado en hablarle, pero cuando lo tuvo frente a él sólo atinó a quedarse observándolo, como en trance. No cabía duda de que era alguien único. Jamás había visto unos ojos tan inteligentes en una criatura mágica, y raras veces entre los humanos.
Y esos ojos, notó de repente, se dirigían ahora al bolsillo donde guardaba las Cartas. Llevó la mano junto a ellas instintivamente.
El enano lo miró a los ojos y sonrió con astucia.
-Las figuras salen de la manga del mago y se pellizcan en el aire para comprobar que están vivas -dijo.
Para Clow, esa fue la primera verdadera sorpresa que había tenido en décadas.
-¿Cómo...?
-Lo dijeron las cartas, en el Juego de Comodín. La verdad está en las cartas -Hubo un ruido de cascabeles cuando el enano ladeó la cabeza-. ¿Las imaginaciones del mago saben que son imaginaciones?
-Sí -respondió Clow, fascinado. ¿Quién era esta criatura, que veía con tanta claridad?
-Entonces el mago que hizo a las figuras es más sabio que el que hizo a Comodín. Felicitaciones, dice Comodín, y que el solitario le salga como es debido.
Diciendo esto, tomó la mano de Clow y depositó algo en ella, antes de que él pudiera reaccionar. Las manos del enano estaban heladas.
-¿Quién te ha creado? -murmuró el mago, incapaz ya de disimular su asombro. El enano se rió con un sacudir de cascabeles.
-Eso ya no importa -dijo-, porque ahora, Comodín es.
Le guiñó un ojo, y en un dos por tres había desaparecido entre el gentío del puerto. Sólo entonces Clow vio lo que había dejado en su mano.
Un mazo de cartas.
