ext_15321 (
laurus-nobilis.livejournal.com) wrote in
fractal_mirrors2008-10-17 04:57 pm
De cómo el Príncipe de las Sombras luchó incansablemente para obtener el favor del Rey Sol [Ouran]
Título: De cómo el Príncipe de las Sombras luchó incansablemente para obtener el favor del Rey Sol (parte 2 de 3)
Rating: G
Género: Humor / romance
Parejas: Nekozawa/Tamaki, con algo de Honey/Reiko por ahí.
Personajes: Nekozawa, Tamaki, todo el Host Club, todo el Club de Magia Negra, Kirimi, muñecos varios.
Palabras: 7962
Summary: Umehito tiene grandes planes. Tamaki parece ser inmune a las maldiciones. El resto del universo cree que tiene el derecho... no, el deber de opinar.
Notas: Para
sha_chan. ♥ La pareja es culpa suya. Del largo sólo puedo culpar a lo imposible que es hacer callar hasta a los extras en esta serie. Como de costumbre conmigo, es mucho más humor que romance. Manga canon porque el Club de Magia es amor. Y creo que CCS fue parte de la "educación" de Kirimi (sí, hay príncipes en CCS, y la idea pega con Ouran y todo).
Además: 19 PÁGINAS Y MEDIA EN WORD. ME MEREZCO UN PREMIO. Es tan largo que no me deja subirlo en menos de tres posts; la separación es más por "hasta dónde me deja postear" que otra cosa porque igual se supone que es un one-shot.
La sesión del día siguiente comenzó sin ninguna novedad, más allá de alguna que otra mirada no demasiado disimulada de parte de Kanazuki-kun. Pero Umehito no se dejó intimidar por eso. Había pensado mucho en cómo debía hacer esto, y no iba a dejar que le saliera mal simplemente por apresurarse. Era un asunto muy delicado, después de todo, y requería un plan igualmente especial y detallado. Tampoco había prometido que sería lo primero que iba a decirles. Al contrario; tenía que esperar al instante adecuado. Y éste no era otro que el momento de decidir cuál sería su próxima actividad.
–Bueno, ¿cuál es el plan esta vez, senpai?
–¿Algo interesante?
–Hace semanas que no hacemos algo divertido entre todos.
–Eso es lo que voy a solucionar precisamente ahora –respondió Umehito, con una sonrisa que se hizo más amplia aún en cuanto notó la expresión sorprendida de Kanazuki-kun; ni siquiera ella estaba esperando esto–. Tengo una idea maravillosa…
–¿Como la vez que… ayudamos a los de primero con su competencia?
–Mejor aún. Probablemente no sea fácil de conseguir, pero los resultados valdrán la pena, estoy seguro –respondió él. Dejó pasar un momento en silencio, simplemente para que su siguiente frase tuviera mejor efecto, y al fin reveló lo que tenía planeado–. Tenemos que obtener y hechizar al objeto más preciado del Host Club.
Hubo un murmullo general de aprobación, pero sólo duró un instante; luego los demás (excepto Kanazuki-kun, que a juzgar por su sonrisita ya sospechaba por dónde iba el asunto) se dedicaron a tratar de adivinar cuál era ese objeto. Umehito lo estaba disfrutando demasiado como para decirlo directamente, y de todas formas ellos parecían encontrarlo entretenido.
–Espero que no sea la libreta de Ootori…
–Nah, ésa ya está maldita de por sí. ¿Pero entonces qué?
–Kanazuki-san, ¿no se te ocurre nada? Estás muy callada…
–Un momento… Claro que está callada. ¡Ella sabe!
–¡Entonces de verdad se estaban reuniendo en secreto! No es justo, senpai. Nosotros también queremos divertirnos.
–Pero al menos ya sabemos lo que buscamos, ¿no? Si es para un hechizo de amor, tiene que ser ese muñeco que lleva a todas partes…
–Exactamente –intervino Umehito, sin aclarar aún de qué muñeco estaban hablando en realidad–. Ésta es nuestra meta.
Era ahora o nunca. Sacó la foto de Kuma-chan que había traído consigo (había sido ridículamente fácil conseguirla, con todos los álbumes que el club publicaba a cada rato) y la dejó sobre la mesa. Los demás tardaron un momento en reaccionar.
–¿… un oso? ¿No era un conejo?
–El oso es de Suou-kun. ¿Cambiaste de objetivo, Kanazuki-san?
Ella no dijo nada, por supuesto. No se lo iba a hacer tan fácil. Arreglándoselas de alguna manera para no mirar a nadie a los ojos, Umehito se decidió a responder por fin.
–Es que… uh. No es para ella.
El silencio que vino a continuación casi le pareció eterno, pero al fin se quebró.
–… eso explica muchas cosas, senpai.
Umehito levantó la vista, sorprendido. ¿Es que todo el mundo se había dado cuenta?
–¿… ah, sí?
Los tres asintieron al mismo tiempo.
–Es cierto que es muy divertido asustar a Suou-kun, pero… ya nos parecía un poco mucho.
–Estábamos empezando a hacernos algunas preguntas, la verdad.
–Claro que ahora sólo queda una cosa por preguntarse…
–¿Qué cosa? –preguntó él, cada vez más confundido.
–¿Cómo vamos a conseguir que Suou-kun se separe de su oso?
Umehito sonrió como no lo había hecho en muchos días.
–Tengo el plan perfecto.
* * *
Así fue como se desencadenó el más ambicioso proyecto que el Club de Magia Negra había enfrentado jamás: la Operación Secuestrar a Kuma-chan. Era una compleja red de distracciones, cuidadosamente diseñada para mantener a todo el Host Club ocupado y dividido durante el tiempo necesario para dar el gran golpe. Si todo salía bien, no sólo serviría para obtener el oso, sino que el resultado sería tan espectacular que a nadie se le ocurriría pensar que había tenido otro propósito.
Tardaron unos cuantos días en pulir los detalles y ponerse de acuerdo en todo. No podían dejar nada librado al azar; el más mínimo error acabaría con la operación completa. Era un riesgo considerable, ya que pensaban llevarla a cabo en un momento en que el club estuviera en sesión. Si eran descubiertos antes de salirse con la suya tendrían que lidiar, no sólo con la ira de los hosts, sino la de docenas de fanáticas de mal humor. No podían darse el lujo de equivocarse.
Y, además, Umehito estaba empezando a cansarse de todo esto. Quería acabar con el asunto de una vez por todas. Si un plan tan elaborado como éste no lograba hacer reaccionar a Tamaki, nada lo haría. Sabía que ésta era la jugada final. Era bueno contar con el apoyo de los demás para esto, aunque ahora tuviera que soportar las miradas de "te lo dije" de Kanazuki-kun. Que, por otra parte, seguía tan entusiasmada como al principio. Parecía que se lo estuviera tomando como una meta personal.
–¿Estás segura de esto? –le preguntó por milésima vez, antes de terminar la sesión del día–. No tienes que hacerlo si no quieres. Si vas al club como cliente en ese momento, ni siquiera sospecharán que sabías lo que planeamos.
–Ya hablamos de esto, senpai –dijo ella, sin darle tiempo a terminar la frase–. Vamos a hacerlo entre todos.
–Pero Haninozuka-kun…
–No se molestará –insistió–. Él también hace muchas tonterías por sus amigos.
Ésa era una respuesta tan agradable que Umehito incluso se encontró dispuesto a obviar lo de "tonterías".
–Entonces está decidido. Mañana daremos el gran golpe… –anunció al fin, con una amplia sonrisa– Será un evento digno de recordarse. Sólo… hay una cosa más que me parece justo advertirles a todos.
–¿Qué cosa, senpai?
Umehito dudó un instante. Después de todas las muestras de apoyo de los últimos días, le parecía difícil que esto fuera a cambiar la decisión de alguien, pero su conciencia exigía que lo dijera.
–Ootori-kun también se va a asegurar de que no lo olvidemos.
Hubo un estremecimiento general por un instante, mas desapareció tan rápido como se había originado.
–Sí, bueno… ya habíamos pensado en eso, en realidad.
–Es inevitable, ¿no? Viene con el plan.
–Tal vez las consecuencias no sean tan malas…
–No todos tenemos novio en el Host Club, Kanazuki-san. Y algo me dice que eso no va a ayudarte mucho cuando se trate de pagar los daños.
–Yo escuché que no le perdona esas cosas ni a sus amigos.
–Por eso quería recordárselo antes de empezar con esto –suspiró Umehito–. Si alguien quiere cambiar de opinión…
–Ya lo hubiéramos hecho antes. En serio, senpai, sabemos en qué nos estamos metiendo.
–Ya está decidido. Pensé que había quedado bastante claro –dijo Kanazuki-kun. Y no se habló más del asunto.
* * *
Todo estaba saliendo perfecto. Había sido un día absolutamente tranquilo, Nekozawa-senpai no aparecía por ninguna parte, y la sesión del club era un éxito total. Era uno de esos momentos donde parece imposible que el más mínimo detalle salga mal.
Por esa misma razón, Tamaki estaba más paranoico que nunca. A pesar de que hacía lo posible por disimularlo, y parecía funcionar bastante bien al menos en cuanto a las chicas que se agrupaban alrededor de él, no podía engañar a todo el mundo.
–Se van a dar cuenta de que estás nervioso –le dijo Kyouya en un instante de poca actividad, mirándolo de reojo y sin perder la constante sonrisita que dirigía al público en general–. Deberías agradecer que no está pasando nada.
–¡Pero eso es lo peor que se puede hacer! Siempre es igual. En cuanto el héroe se distrae y se siente confiado, ¡algo terrible sucede!
Kyouya dejó escapar un leve suspiro y se acomodó los anteojos.
–Quisiera poder decir que eso sólo pasa en las películas de mala calidad –respondió– pero, lamentablemente, estamos hablando de Nekozawa-senpai.
–¿No ves? ¡Te dije que tenía motivos para preocuparme!
–Deberías relajarte de todas formas –insistió Kyouya, totalmente insensible a la situación–. Nuestras invitadas notarán la diferencia, y es mejor que te distraigas.
–Hmmpf. Lo voy a intentar –prometió él de mala gana.
Y durante un buen rato, lo consiguió. Todo parecía estar tranquilo, al menos por el momento. Sus ocupaciones lo distrajeron lo suficiente como para olvidarse de la razón por la que había estado preocupado en un principio… y, por supuesto, entonces fue cuando se produjo el desastre.
De pronto la habitación se oscureció. Algunas de las chicas gritaron un poco, sobresaltadas; nadie había visto cómo se habían cerrado las cortinas. Peor aún: las lámparas se apagaron una a una en cuestión de segundos. Los gritos se hicieron más fuertes aún, y Tamaki se sentía más que dispuesto a unirse al coro, pero hizo un gran esfuerzo para al menos aparentar que mantenía la calma. Era su deber como Rey tranquilizar a las invitadas.
–No se preocupen, señoritas –dijo, y si había algo bueno en todo este asunto era que la penumbra no permitía que se le notara mucho la cara de espanto–. S-seguramente es… un desperfecto con la electricidad, nada más. No hay nada de qué preocuparse…
Casi había logrado hacerlas (y hacerse) ignorar que las cortinas cerradas no tenían nada que ver con la electricidad cuando se escuchó un estruendo repentino, como algo que se quebraba. Por un momento pensó que eran las ventanas, pero enseguida descubrió que ése no era el caso, sino que se trataba de algo mucho peor.
Eran las lámparas. No había quedado una sola bombilla sin estallar en toda la habitación. Y lo peor de todo era que eso era completamente innecesario. ¡Ya se habían asegurado de que no hubiera nada de luz! ¿Por qué tenían que hacer esto también? Hasta el Club de Magia, con todo su amor por la exageración y el drama, tenía que darse cuenta de que estas chicas ya estaban lo suficientemente asustadas.
… y no sólo las chicas. Tamaki tampoco estaba pasando un buen rato precisamente. Miró alrededor, buscando a sus amigos: todos estaban lejos. Habían quedado separados, cada uno tratando de calmar y consolar al grupo que tenía alrededor en el momento en que se había iniciado el desastre. No podían hacer nada hasta que las invitadas se tranquilizaran un poco, y todo indicaba que eso iba a tardar un buen rato.
Tampoco ayudaba el hecho de que de repente la habitación se había llenado de humo con un fuerte olor a incienso. Como si no tuvieran suficientes problemas de visibilidad… lo único que les faltaba era niebla.
Toda la situación era desesperante. Terrible. Irreparable. Era la tragedia más grande a la que se habían enfrentado jamás. ¿Qué había hecho para merecer esto? Todavía estaba tratando de contener a las chicas que se apretaban a su alrededor, hablando mecánicamente mientras en su interior ya imaginaba las espantosas consecuencias que iba a tener todo este asunto, cuando escuchó la voz de Kyouya elevándose por encima del escándalo general.
–Es evidente que la reunión no puede continuar así –dijo, y Tamaki se maravilló de que fuera capaz de mantener el mismo tono tranquilo y educado de siempre–. Será mejor que se retiren por el momento. Mañana les compensaremos este inconveniente con una sesión especial.
Después de algunos suspiros y exclamaciones asegurando que Ootori-kun era demasiado amable, que no era culpa de los hosts y que no debían molestarse por eso, todas las invitadas se fueron al fin. Tamaki suspiró con una mezcla de alivio y agotamiento.
Y a continuación hizo lo único que podía hacer en un momento así: ir a esconderse a su esquina.
–Esta vez fueron demasiado lejos –escuchó decir a Kyouya; no necesitaba darse vuelta para saber exactamente cuál era su expresión. A decir verdad, tampoco quería darse vuelta. La imagen mental le daba miedo.
–¡Ya sé lo que Tama-chan necesita! –interrumpió Honey-senpai, que aparentemente trataba de salvar la situación con su tono alegre aunque un poco forzado– Sólo tiene que pasar un rato abrazando a su… uh.
El silencio fue total. Y duró tanto que Tamaki no pudo resistirse a mirar por encima de su hombro, a ver qué era lo que estaba pasando ahora. Entonces comprendió por qué ninguno de sus amigos, ni siquiera Kyouya, se había atrevido a decir en voz alta lo que acababan de descubrir.
La sillita de Kuma-chan estaba vacía.
* * *
La misión había sido un éxito indiscutible. Más allá de que habían alcanzado el objetivo principal (al final, no había sido tan difícil hacerse con Kuma-chan mientras todo el mundo estaba distraído) se habían divertido terriblemente mientras lo hacían. Todos los detalles habían salido perfectos, y las reacciones de sus desprevenidas víctimas fueron impagables. Más allá de lo que sucediera o no a partir de ahora, la operación había valido la pena por sí misma. Había que celebrarlo, y eso fue exactamente lo que hicieron: se reunieron una vez más en la sala del club, y rieron y repasaron los grandes momentos del día hasta que no les quedó más remedio que dejar la escuela o quedarse encerrados hasta el día siguiente.
Sin embargo, ahora que estaba en casa y sin sus amigos alrededor, a Umehito le resultaba cada vez más difícil olvidar para qué se habían tomado la molestia de hacer todo eso. O decidir qué iba a hacer con el famoso muñeco. Claro que, en teoría, todo estaba planeado… A fin de cuentas, el verdadero motivo de lo que habían hecho esa tarde era tan sólo darle la oportunidad de hechizar a Kuma-chan. ¿Y por qué no habría de hacerlo? No era diferente a todo lo que había estado haciendo hasta ahora… no, ni siquiera eso. Era sólo un oso de peluche, nada más.
Por otra parte, tal vez ése fuera justamente el problema. ¿Cómo podía haber pensado en usar algo tan adorable para sus propios fines? Es más, incluso podía tener el efecto opuesto al esperado… Tal vez Tamaki nunca le perdonaría haberle hecho daño a su oso. Sabía que él nunca perdonaría ningún tipo de crueldad hacia Beelzenef.
De pronto una vocecita lo sacó de su ensimismamiento.
–¿Eh? ¿Kuma-chan?
… por supuesto. Tendría que haber sabido que Kirimi lo reconocería. ¿No había pasado días enteros jugando con ese oso? Todavía estaba pensando en qué responderle cuando ella siguió hablando.
–¿Oooh, te lo regaló? ¡Regalar un osito significa amor!
–¿Q-qué? ¡Ah, no! Yo… sólo lo tomé prestado.
–¿… no es amor, oniichama? –le preguntó. Parecía casi… decepcionada. Tal vez debería haberse alegrado de saber que no iba a tener que darle demasiadas explicaciones llegado el caso, pero la ocasión de necesitar una charla como ésa parecía cada vez más lejana, de todas formas.
–No sé lo que es –respondió sombríamente, todavía con Kuma-chan sobre las rodillas.
Si regalar un oso era amor, ¿qué significaba secuestrarlo? Tal vez fuera mejor no preguntar.
Rating: G
Género: Humor / romance
Parejas: Nekozawa/Tamaki, con algo de Honey/Reiko por ahí.
Personajes: Nekozawa, Tamaki, todo el Host Club, todo el Club de Magia Negra, Kirimi, muñecos varios.
Palabras: 7962
Summary: Umehito tiene grandes planes. Tamaki parece ser inmune a las maldiciones. El resto del universo cree que tiene el derecho... no, el deber de opinar.
Notas: Para
Además: 19 PÁGINAS Y MEDIA EN WORD. ME MEREZCO UN PREMIO. Es tan largo que no me deja subirlo en menos de tres posts; la separación es más por "hasta dónde me deja postear" que otra cosa porque igual se supone que es un one-shot.
La sesión del día siguiente comenzó sin ninguna novedad, más allá de alguna que otra mirada no demasiado disimulada de parte de Kanazuki-kun. Pero Umehito no se dejó intimidar por eso. Había pensado mucho en cómo debía hacer esto, y no iba a dejar que le saliera mal simplemente por apresurarse. Era un asunto muy delicado, después de todo, y requería un plan igualmente especial y detallado. Tampoco había prometido que sería lo primero que iba a decirles. Al contrario; tenía que esperar al instante adecuado. Y éste no era otro que el momento de decidir cuál sería su próxima actividad.
–Bueno, ¿cuál es el plan esta vez, senpai?
–¿Algo interesante?
–Hace semanas que no hacemos algo divertido entre todos.
–Eso es lo que voy a solucionar precisamente ahora –respondió Umehito, con una sonrisa que se hizo más amplia aún en cuanto notó la expresión sorprendida de Kanazuki-kun; ni siquiera ella estaba esperando esto–. Tengo una idea maravillosa…
–¿Como la vez que… ayudamos a los de primero con su competencia?
–Mejor aún. Probablemente no sea fácil de conseguir, pero los resultados valdrán la pena, estoy seguro –respondió él. Dejó pasar un momento en silencio, simplemente para que su siguiente frase tuviera mejor efecto, y al fin reveló lo que tenía planeado–. Tenemos que obtener y hechizar al objeto más preciado del Host Club.
Hubo un murmullo general de aprobación, pero sólo duró un instante; luego los demás (excepto Kanazuki-kun, que a juzgar por su sonrisita ya sospechaba por dónde iba el asunto) se dedicaron a tratar de adivinar cuál era ese objeto. Umehito lo estaba disfrutando demasiado como para decirlo directamente, y de todas formas ellos parecían encontrarlo entretenido.
–Espero que no sea la libreta de Ootori…
–Nah, ésa ya está maldita de por sí. ¿Pero entonces qué?
–Kanazuki-san, ¿no se te ocurre nada? Estás muy callada…
–Un momento… Claro que está callada. ¡Ella sabe!
–¡Entonces de verdad se estaban reuniendo en secreto! No es justo, senpai. Nosotros también queremos divertirnos.
–Pero al menos ya sabemos lo que buscamos, ¿no? Si es para un hechizo de amor, tiene que ser ese muñeco que lleva a todas partes…
–Exactamente –intervino Umehito, sin aclarar aún de qué muñeco estaban hablando en realidad–. Ésta es nuestra meta.
Era ahora o nunca. Sacó la foto de Kuma-chan que había traído consigo (había sido ridículamente fácil conseguirla, con todos los álbumes que el club publicaba a cada rato) y la dejó sobre la mesa. Los demás tardaron un momento en reaccionar.
–¿… un oso? ¿No era un conejo?
–El oso es de Suou-kun. ¿Cambiaste de objetivo, Kanazuki-san?
Ella no dijo nada, por supuesto. No se lo iba a hacer tan fácil. Arreglándoselas de alguna manera para no mirar a nadie a los ojos, Umehito se decidió a responder por fin.
–Es que… uh. No es para ella.
El silencio que vino a continuación casi le pareció eterno, pero al fin se quebró.
–… eso explica muchas cosas, senpai.
Umehito levantó la vista, sorprendido. ¿Es que todo el mundo se había dado cuenta?
–¿… ah, sí?
Los tres asintieron al mismo tiempo.
–Es cierto que es muy divertido asustar a Suou-kun, pero… ya nos parecía un poco mucho.
–Estábamos empezando a hacernos algunas preguntas, la verdad.
–Claro que ahora sólo queda una cosa por preguntarse…
–¿Qué cosa? –preguntó él, cada vez más confundido.
–¿Cómo vamos a conseguir que Suou-kun se separe de su oso?
Umehito sonrió como no lo había hecho en muchos días.
–Tengo el plan perfecto.
Así fue como se desencadenó el más ambicioso proyecto que el Club de Magia Negra había enfrentado jamás: la Operación Secuestrar a Kuma-chan. Era una compleja red de distracciones, cuidadosamente diseñada para mantener a todo el Host Club ocupado y dividido durante el tiempo necesario para dar el gran golpe. Si todo salía bien, no sólo serviría para obtener el oso, sino que el resultado sería tan espectacular que a nadie se le ocurriría pensar que había tenido otro propósito.
Tardaron unos cuantos días en pulir los detalles y ponerse de acuerdo en todo. No podían dejar nada librado al azar; el más mínimo error acabaría con la operación completa. Era un riesgo considerable, ya que pensaban llevarla a cabo en un momento en que el club estuviera en sesión. Si eran descubiertos antes de salirse con la suya tendrían que lidiar, no sólo con la ira de los hosts, sino la de docenas de fanáticas de mal humor. No podían darse el lujo de equivocarse.
Y, además, Umehito estaba empezando a cansarse de todo esto. Quería acabar con el asunto de una vez por todas. Si un plan tan elaborado como éste no lograba hacer reaccionar a Tamaki, nada lo haría. Sabía que ésta era la jugada final. Era bueno contar con el apoyo de los demás para esto, aunque ahora tuviera que soportar las miradas de "te lo dije" de Kanazuki-kun. Que, por otra parte, seguía tan entusiasmada como al principio. Parecía que se lo estuviera tomando como una meta personal.
–¿Estás segura de esto? –le preguntó por milésima vez, antes de terminar la sesión del día–. No tienes que hacerlo si no quieres. Si vas al club como cliente en ese momento, ni siquiera sospecharán que sabías lo que planeamos.
–Ya hablamos de esto, senpai –dijo ella, sin darle tiempo a terminar la frase–. Vamos a hacerlo entre todos.
–Pero Haninozuka-kun…
–No se molestará –insistió–. Él también hace muchas tonterías por sus amigos.
Ésa era una respuesta tan agradable que Umehito incluso se encontró dispuesto a obviar lo de "tonterías".
–Entonces está decidido. Mañana daremos el gran golpe… –anunció al fin, con una amplia sonrisa– Será un evento digno de recordarse. Sólo… hay una cosa más que me parece justo advertirles a todos.
–¿Qué cosa, senpai?
Umehito dudó un instante. Después de todas las muestras de apoyo de los últimos días, le parecía difícil que esto fuera a cambiar la decisión de alguien, pero su conciencia exigía que lo dijera.
–Ootori-kun también se va a asegurar de que no lo olvidemos.
Hubo un estremecimiento general por un instante, mas desapareció tan rápido como se había originado.
–Sí, bueno… ya habíamos pensado en eso, en realidad.
–Es inevitable, ¿no? Viene con el plan.
–Tal vez las consecuencias no sean tan malas…
–No todos tenemos novio en el Host Club, Kanazuki-san. Y algo me dice que eso no va a ayudarte mucho cuando se trate de pagar los daños.
–Yo escuché que no le perdona esas cosas ni a sus amigos.
–Por eso quería recordárselo antes de empezar con esto –suspiró Umehito–. Si alguien quiere cambiar de opinión…
–Ya lo hubiéramos hecho antes. En serio, senpai, sabemos en qué nos estamos metiendo.
–Ya está decidido. Pensé que había quedado bastante claro –dijo Kanazuki-kun. Y no se habló más del asunto.
Todo estaba saliendo perfecto. Había sido un día absolutamente tranquilo, Nekozawa-senpai no aparecía por ninguna parte, y la sesión del club era un éxito total. Era uno de esos momentos donde parece imposible que el más mínimo detalle salga mal.
Por esa misma razón, Tamaki estaba más paranoico que nunca. A pesar de que hacía lo posible por disimularlo, y parecía funcionar bastante bien al menos en cuanto a las chicas que se agrupaban alrededor de él, no podía engañar a todo el mundo.
–Se van a dar cuenta de que estás nervioso –le dijo Kyouya en un instante de poca actividad, mirándolo de reojo y sin perder la constante sonrisita que dirigía al público en general–. Deberías agradecer que no está pasando nada.
–¡Pero eso es lo peor que se puede hacer! Siempre es igual. En cuanto el héroe se distrae y se siente confiado, ¡algo terrible sucede!
Kyouya dejó escapar un leve suspiro y se acomodó los anteojos.
–Quisiera poder decir que eso sólo pasa en las películas de mala calidad –respondió– pero, lamentablemente, estamos hablando de Nekozawa-senpai.
–¿No ves? ¡Te dije que tenía motivos para preocuparme!
–Deberías relajarte de todas formas –insistió Kyouya, totalmente insensible a la situación–. Nuestras invitadas notarán la diferencia, y es mejor que te distraigas.
–Hmmpf. Lo voy a intentar –prometió él de mala gana.
Y durante un buen rato, lo consiguió. Todo parecía estar tranquilo, al menos por el momento. Sus ocupaciones lo distrajeron lo suficiente como para olvidarse de la razón por la que había estado preocupado en un principio… y, por supuesto, entonces fue cuando se produjo el desastre.
De pronto la habitación se oscureció. Algunas de las chicas gritaron un poco, sobresaltadas; nadie había visto cómo se habían cerrado las cortinas. Peor aún: las lámparas se apagaron una a una en cuestión de segundos. Los gritos se hicieron más fuertes aún, y Tamaki se sentía más que dispuesto a unirse al coro, pero hizo un gran esfuerzo para al menos aparentar que mantenía la calma. Era su deber como Rey tranquilizar a las invitadas.
–No se preocupen, señoritas –dijo, y si había algo bueno en todo este asunto era que la penumbra no permitía que se le notara mucho la cara de espanto–. S-seguramente es… un desperfecto con la electricidad, nada más. No hay nada de qué preocuparse…
Casi había logrado hacerlas (y hacerse) ignorar que las cortinas cerradas no tenían nada que ver con la electricidad cuando se escuchó un estruendo repentino, como algo que se quebraba. Por un momento pensó que eran las ventanas, pero enseguida descubrió que ése no era el caso, sino que se trataba de algo mucho peor.
Eran las lámparas. No había quedado una sola bombilla sin estallar en toda la habitación. Y lo peor de todo era que eso era completamente innecesario. ¡Ya se habían asegurado de que no hubiera nada de luz! ¿Por qué tenían que hacer esto también? Hasta el Club de Magia, con todo su amor por la exageración y el drama, tenía que darse cuenta de que estas chicas ya estaban lo suficientemente asustadas.
… y no sólo las chicas. Tamaki tampoco estaba pasando un buen rato precisamente. Miró alrededor, buscando a sus amigos: todos estaban lejos. Habían quedado separados, cada uno tratando de calmar y consolar al grupo que tenía alrededor en el momento en que se había iniciado el desastre. No podían hacer nada hasta que las invitadas se tranquilizaran un poco, y todo indicaba que eso iba a tardar un buen rato.
Tampoco ayudaba el hecho de que de repente la habitación se había llenado de humo con un fuerte olor a incienso. Como si no tuvieran suficientes problemas de visibilidad… lo único que les faltaba era niebla.
Toda la situación era desesperante. Terrible. Irreparable. Era la tragedia más grande a la que se habían enfrentado jamás. ¿Qué había hecho para merecer esto? Todavía estaba tratando de contener a las chicas que se apretaban a su alrededor, hablando mecánicamente mientras en su interior ya imaginaba las espantosas consecuencias que iba a tener todo este asunto, cuando escuchó la voz de Kyouya elevándose por encima del escándalo general.
–Es evidente que la reunión no puede continuar así –dijo, y Tamaki se maravilló de que fuera capaz de mantener el mismo tono tranquilo y educado de siempre–. Será mejor que se retiren por el momento. Mañana les compensaremos este inconveniente con una sesión especial.
Después de algunos suspiros y exclamaciones asegurando que Ootori-kun era demasiado amable, que no era culpa de los hosts y que no debían molestarse por eso, todas las invitadas se fueron al fin. Tamaki suspiró con una mezcla de alivio y agotamiento.
Y a continuación hizo lo único que podía hacer en un momento así: ir a esconderse a su esquina.
–Esta vez fueron demasiado lejos –escuchó decir a Kyouya; no necesitaba darse vuelta para saber exactamente cuál era su expresión. A decir verdad, tampoco quería darse vuelta. La imagen mental le daba miedo.
–¡Ya sé lo que Tama-chan necesita! –interrumpió Honey-senpai, que aparentemente trataba de salvar la situación con su tono alegre aunque un poco forzado– Sólo tiene que pasar un rato abrazando a su… uh.
El silencio fue total. Y duró tanto que Tamaki no pudo resistirse a mirar por encima de su hombro, a ver qué era lo que estaba pasando ahora. Entonces comprendió por qué ninguno de sus amigos, ni siquiera Kyouya, se había atrevido a decir en voz alta lo que acababan de descubrir.
La sillita de Kuma-chan estaba vacía.
La misión había sido un éxito indiscutible. Más allá de que habían alcanzado el objetivo principal (al final, no había sido tan difícil hacerse con Kuma-chan mientras todo el mundo estaba distraído) se habían divertido terriblemente mientras lo hacían. Todos los detalles habían salido perfectos, y las reacciones de sus desprevenidas víctimas fueron impagables. Más allá de lo que sucediera o no a partir de ahora, la operación había valido la pena por sí misma. Había que celebrarlo, y eso fue exactamente lo que hicieron: se reunieron una vez más en la sala del club, y rieron y repasaron los grandes momentos del día hasta que no les quedó más remedio que dejar la escuela o quedarse encerrados hasta el día siguiente.
Sin embargo, ahora que estaba en casa y sin sus amigos alrededor, a Umehito le resultaba cada vez más difícil olvidar para qué se habían tomado la molestia de hacer todo eso. O decidir qué iba a hacer con el famoso muñeco. Claro que, en teoría, todo estaba planeado… A fin de cuentas, el verdadero motivo de lo que habían hecho esa tarde era tan sólo darle la oportunidad de hechizar a Kuma-chan. ¿Y por qué no habría de hacerlo? No era diferente a todo lo que había estado haciendo hasta ahora… no, ni siquiera eso. Era sólo un oso de peluche, nada más.
Por otra parte, tal vez ése fuera justamente el problema. ¿Cómo podía haber pensado en usar algo tan adorable para sus propios fines? Es más, incluso podía tener el efecto opuesto al esperado… Tal vez Tamaki nunca le perdonaría haberle hecho daño a su oso. Sabía que él nunca perdonaría ningún tipo de crueldad hacia Beelzenef.
De pronto una vocecita lo sacó de su ensimismamiento.
–¿Eh? ¿Kuma-chan?
… por supuesto. Tendría que haber sabido que Kirimi lo reconocería. ¿No había pasado días enteros jugando con ese oso? Todavía estaba pensando en qué responderle cuando ella siguió hablando.
–¿Oooh, te lo regaló? ¡Regalar un osito significa amor!
–¿Q-qué? ¡Ah, no! Yo… sólo lo tomé prestado.
–¿… no es amor, oniichama? –le preguntó. Parecía casi… decepcionada. Tal vez debería haberse alegrado de saber que no iba a tener que darle demasiadas explicaciones llegado el caso, pero la ocasión de necesitar una charla como ésa parecía cada vez más lejana, de todas formas.
–No sé lo que es –respondió sombríamente, todavía con Kuma-chan sobre las rodillas.
Si regalar un oso era amor, ¿qué significaba secuestrarlo? Tal vez fuera mejor no preguntar.
